Un mediodía de paseo.

Dío, a los 7 años, tiene ganas de saberlo todo. Pregunta a pregunta, busca y aprende.
Ayer íbamos a buscar setas en el Retiro. Aunque parece que en Madrid todo es prisa, artificio y hormigón, la naturaleza opina algo diferente, y donde no se busca, buscamos.
De camino ahí, en los jardines del Descubrimiento, Dío planta un olivo.


Esperábamos que vinieran otros niños a la aventura de las setas, pero la lluvia debió retraer a algunos, y además somos pocos en la ciudad. La mañana, sin embargo, se presentó abundante. A poco que haya sol, esta especie de polvos mágicos que son los hongos, revelan su esplendor. En sólo 10 minutos, allí junto a la puerta de Alcala, tomamos fotos de los hallazgos.









Los nombres latinos, la comestibilidad y demás, ya las veremos en otro momento, si surgen las preguntas. En ese momento, simplemente oteamos los prados. También vemos animales, como este bello pájaro carpintero, que, ajeno a nuestra presencia, busca alguna apetitosa lombriz, quizás para alimentar a sus hijos.



Miramos bajo las diversas plantas, ¿crecerá en el Retiro la seta del bambú? ¿Las hojas del gingko acogen aquí algún hongo curioso? ¿Y los arces de hojas de fuego, darán setas fogosas? La exploración del Extremo Oriente en Madrid nos lleva a cierto desencanto, y topamos con las ruinas de la ermita de san Pelayo, que fueron trasladadas aquí desde Ávila a comienzos del siglo XX. Es un lugar que conocemos, y en él se desarrollan algunos de los pensamientos históricos de Dío.




Ante las dudas acerca de qué iba aquí y qué falta allá en esta ermita, nos encaminamos al cercano museo arqueológico (MAN). Una vez en el museo, aunque nos entretenemos en tantos objetos maravillosos como hay, logramos dar con piezas de la época de la ermita. Dío identifica el símbolo de la flor cruzada, que está en las ruinas del Retiro, labrado en esta gigantesca pila bautismal.


O esta entrada a ningún lugar, que hace como que pretende atravesar, a escondidas de los celosos guardianes de sala.


¿Por qué ponían esas figuras terribles en las columnas, y los romanos no lo hacían? ¿Por qué las cosas romanas, que son anteriores, estaban mejor hechas? ¿Quién impidió que los bárbaros lo destruyeran todo? En la ermita del Retiro estuvo un tiempo enterrado san Isidoro de Sevilla, y de él hablamos a veces. Este prodigioso mago dejó escritas las Etimologías en su siglo VII, que fue la wikipedia del medievo, para cristianos y también para musulmanes. A través de san Isidoro se transmitieron los saberes de los siglos romanos, y así, cuando hay preguntas difíciles de responder sobre el tiempo antiguo, a veces recurrimos a él. Pero eso ya era por la tarde.

Comentarios

  1. Color nómada, me encanta vuestra experiencia de buscar setas en El Retiro ;).
    Saludos.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario